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miércoles
sep202006

Harley-Davidson, estilo de vida

 

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     El Armisticio firmado en el Salón de los Espejos de Versalles dio fin a la I Guerra Mundial el 28 de junio de 1919. Al día siguiente el primer norteamericano que entró en Alemania fue Roy Holtz conduciendo una Harley-Davidson. Su ejercito había comprado 20.000 y en la II Guerra Mundial 90.000, entre ellas el modelo XA-750 para el desierto. Dos veinteañeros William Harley y Arthur Davidson, en el garaje de éste, construyeron la primera en 1903. En los años sesenta, cuando las Honda, Yamaha y Kawasaki inundaron Estados Unidos, la venta de Harleys decreció y la empresa entró en crisis, hasta que en 1981 un nuevo grupo, entre ellos el nieto de uno de los fundadores, William Davidson, la reflotó con mejores diseños, calidad en los componentes y fidelización de sus clientes. “No hay dos iguales” decía un motero en la última concentración de 3.000 Harleys en el Grao hace unos días, “todo lo que le pongas le sienta bien”. Visten y calzan de cuero negro con clavos planteados. Las camisetas y todo lo que les rodea, hasta la colonia, lleva el logo de la marca.

     Fue la moto de los chicos malos. Sobre ellas cabalgaban Elvis Presley, Steve McQueen, Denis Hopper, Peter Fonda, Jack Nicolson. En Castellón aparecieron hace años “Los Centuriones”, algunos fueron condenados por una pelea con otra pandilla. El día de la apelación entraba por las ventanas de la Audiencia de Valencia un sol adormecedor, mientras catorce defensores esgrimían machaconamente la presunción de inocencia de su respectivo cliente. Ya era la hora de comer cuando intervino el último, el defensor de “Tolo”: “Pido que condenen a mi cliente”. Se despertaron. “Con tres heridos y tres acusados con arma blanca, no es posible la absolución de todos; en la sentencia apelada leí la especial condena a mi defendido, portador de navaja, por tres tentativas de asesinato, como a otros dos centuriones. Para condenar a los tres que llevaban navaja, por tres delitos cada uno, pensé que era necesario que los tres hubieran puesto las manos sobre una de las navajas y clavarla, como en las películas cuando todos le hunden la estaca a Drácula en el corazón; y después hacer lo mismo con otro herido y luego con el tercero. Inverosímil, era más lógico que cada uno hubiera lesionado, con su navaja, a cada uno de los tres lesionados ¡fue una riña tumultuaria!” Los Magistrados, bien despiertos, comprendieron el desarrolló de la pelea, cambiaron la sentencia, condenaron a una sola pena a los portadores de navaja y absolvieron a los otros doce acusados.

     La empresa para fidelizar sus motos creó el Harley Owners Group, una federación de agrupaciones de moteros Harley. Hoy las conducen profesionales o gerentes, el 60% son graduados universitarios. Las mujeres también se han incorporado, hay clubs exclusivos para ellas. Desfilan y se escucha el ronroneo característico de sus motores de dos cilindros en V. Cuando se detienen, exhiben su Harley porque ser dueño de una de ellas no es poseerla, sino vivirla, practicar un código de honor, la camaradería y hermandad dentro y fuera de la ruta. El manifiesto futurista de Filippo Tommasso Marinetti, en 1909, anunciaba una nueva belleza. “Un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia”. Regularmente se concentran, luciendo sus máquinas, en el Grao y se pasean por toda la provincia, como por tantos lugares del planeta. ¡Pasan las Harley-Davidson!

28 de septiembre del 2006, Diario "El Mediterráneo".

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