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lunes
abr022007

PRIMAVERA, OTOÑO


 

PRIMAVERA

Con los pájaros y las flores, llegando está la primavera.

Surgido de un volcán callado, vendrá, de atrás de la montaña,

quien te elija y, por tu piel, florecida, encienda rosas blancas.

En el horizonte amanece, por estrenar, tu vida nueva.

Recorrerás un camino iluminado, lleno de riquezas.

De duro esfuerzo. De ternura serena. De húmedas caricias.

Dulces atardeceres y largas noches de amor, encendidas

hasta el alba. Despertarás, por la mañana más libre y bella.

Tus muslos y tus brazos temblarán. Besarán esperanzados

tus labios, mientras tus grandes ojos permanecerán abiertos,

tu corazón arderá de deseo. Tu dulce vientre dorado,

en las sabias manos de tu amante, dejará su terciopelo.

Rebautizada por el sol, que calienta las primeras siembras,

a tu desnudo cuerpo coronado con el cabello de oro,

dirigirán las aves, deslumbrarás, su vuelo de retorno

y cantarán por la elegida doncella, reina de la tierra.

Olvida la pesadilla del largo y frío invierno. Despierta.

Pisando entre las flores, que día a día, nacen a tu paso,

con los trinos de los pájaros, que de lejos vuelan cada año,

volverás a enamorarte y traerás, también tú, la primavera.

 


OTOÑO

Suaves o apasionados, de los besos que nos dimos, nunca, jamás te arrepientas.

Se encendía la alcoba, se iluminaba la cama, la luz brillaba en tus ojos.

De nuestros largos abrazos. Las gargantas suspirantes. De los gritos gozosos.

De tantas horas de dicha y tanto amor derramado, nunca, jamás te arrepientas.

Cada tibio amanecer despertábamos, tras las cálidas noches estrelladas.

Nadie nos hizo el amor, nunca, como nos lo hacíamos apasionados nosotros.

Nadie tuvo a su lado tanta ternura, como cada uno recuerda del otro.

De nuestra piel, recorrida por nuestras manos y bocas, surgían llamaradas.

Con nuestro amor desbordado, llenamos el firmamento de fe y esperanza.

Se celebró en el cielo. Como el día que Dios dijo: hágase la luz. Y fue hecha. Los que nos quieren, los que aman la vida, los espíritus que nuestros sueños velan y todos los ángeles, celebraron nuestro amor. Y se iluminaron sus almas.

Nunca hubo en el mundo nada tan sincero, tan espontáneo. Ni tan puro y bello.

Vivimos, juntos, uno de los momentos más gloriosos del universo. Estrellas perdidas en el tiempo, tu y yo, chocamos dulcemente en nuestro primer beso,

fundidos en una estrella que emite ondas, de eterno amor, por todos planetas.

En esta oscura noche, callada, de los cortos días, mágicos, de septiembre,

a punto de empezar octubre, está surgiendo, de ocre y violeta, el otoño.

Y el futuro, como una firme promesa, amanece de tu recuerdo orgulloso.

Mientras una gota de vida, en ti o en mí, aún respire, celebrémoslo siempre.

 

Obtuvo Mención de Honor en el Concurso de Poesía "Rodrigo Caro" 1991,

convocado por el Ilustrte Colegio de Abogados de Madrid.

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