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lunes
jul312006

Castellonenses el 23 F

el rey 23 f.jpg

     Hace exactamente 25 años, porque escribo el 23 de febrero por la tarde, José María Vicent y su hermano daban sepultura a los restos mortales de Manolo Aznar en el cementerio de Villareal. Eran amigos desde la infancia, habían nacido en Villavieja. Mientras tapiaban el nicho, corrían rumores que alimentaba un transistor ¡Hay tiros en el Congreso! Manuel Vicent y su mujer se empeñaron en volver a Madrid en coche. Aún no había desvío y no pudieron atravesar Valencia, era imposible con los tanques, del dinosaurio Milán del Bosch, en la calle. Regresaron a Nules a pasar la noche en casa de su hermano. Manuel aprovechó las impresiones que recogió, en un artículo publicado en El País “Y los pájaros abandonaron Valencia”, solo superado por “No pongas tus sucias manos sobre Mozart”, que había recibido el Premio González Ruano. El estruendo de los tanques por las calles era un sonido nuevo, no codificado por los estorninos que horrorizados desaparecieron. No volvieron a sobrevolar al atardecer la Gran Vía Marqués del Turia, antes de desaparecer entre las frondosas ramas de sus árboles para pernoctar, hasta la tercera noche cuando ya estuvieron seguros de que la libertad había regresado.

     Pepe Alemany, mi compañero de despacho, estaba en casa con su amigo Paquito, quien había quedado con los jugadores del Valladolid, a los que entrenaba, a las nueve y cuarto en la esquina de Gobernador con la Avda. del Mar. Los futbolistas habían ido al cine, pero fue imposible coger unos taxis para desplazarse al Hotel Turcosa. El golpista Milán de Bosch había prohibido la circulación de vehículos a partir de las nueve de la noche. Fueron al Grao marcando marcialmente un paso ligero. Esta historia hizo gracia a José Martí Gómez –Pepín- magnífico periodista oriundo de Morella, que dio sus primeros pasos en Mediterráneo y por aquél entonces ocupaba cada día la última página de El Periódico de Barcelona. Allí lo contó en un artículo estupendo.

     En Seattle un médico nacido en Oropesa, en verano me lo contaba cuando vino de vacaciones, entraba a las seis de la tarde a visitar a una paciente operada por la mañana, antes de irse a casa, donde le esperaba la llamada de otro médico español. “¿Has visto las noticias de las seis?” “No, he salido tarde” “Míralas a las ocho”. Le llamó después de verlas. “Ví en el televisor de la habitación donde entré a las seis, que estaban dando como una ópera, creía que era Carmen. Ahora se que eran las imágenes de Tejero en el Congreso pegando tiros”. Su compañero estaba muy nervioso “mañana no voy a trabajar, me dará vergüenza decir que el mío es un país de pandereta”.

     Pocos días después se celebraron manifestaciones en todas las capitales de provincia a la misma hora, en favor de la Constitución. A la única que he ido. Una amiga comunista me vio “qué hace un chico como tú en un sitio como éste”. Algunos no pueden entender que para muchos la Constitución es lo más importante de España, gracias a ella hemos conseguido un régimen democrático que nos ha traído la libertad. No siento que sea importante la paz, ni la guerra, ni vivir o morir, creo que lo único importante, lo único por lo que merece la pena luchar es la libertad, porque sin ella todo lo demás nos caería encima. Aplastándonos.

28 de febrero del 2006, Diario "El Mediterráneo".

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