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sábado
jul282007

VIAJE RELÁMPAGO A MADRID

 

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     “Dicté sentencias aplicando las leyes del Estado y, aunque vi un delirio de muertes, pensé que sería pasajero. Lo hice por Alemania” dice Burt Lancaster, en la película de Stanley Kramer “El Proceso de Nuremberg”. El Presidente del Tribunal que le juzga –Spencer Tracy- le replica “la Nación no es una roca, ni una extensión de nosotros mismos. Lo importante no es el Estado, sino la justicia, la verdad y cada individuo”. Recordaba la escena al leer las palabras del Presidente Zapatero defendiendo la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía: “No hay fe que esté por encima de la Ley”. Los positivistas creen que el Derecho está compuesto sólo por las Leyes del Estado, teoría en que se basan las dictaduras, tanto nazis como comunistas. En España y en las demás democracias, ni tan siquiera la Constitución es la más alta de las leyes. Su artículo 10 nos reconoce la libertad y los demás derechos humanos; y añade “se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos”. Derechos de los que somos titulares por el sólo hecho de haber nacido. No nos los da nadie, por eso el Estado no puede interpretarlos a su capricho.

     El artículo 27.3 garantiza “el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. En poco más de un mes los niños volverán al colegio y sus padres son dueños de ese derecho, que no les puede negar el Gobierno, y tienen el deber de ejercerlo. ¡Que no hagan de los niños nazis o comunistas, que en pazguatos ya tratan de convertirlos!


     Llegó el Alaris a la Estación de Atocha. Maleta, hotel, cena y por la mañana, aprovechando un par de horas libres, al museo Thyssen-Bornemisza. Visita de nuevo a algunas salas y a la exposición “Los últimos paisajes” de Van Gogh. En el viaje de vuelta repaso a los cuadros expuestos y lectura de cartas del pintor, recogidas en el libro de la exposición. Llegó a Auvers el 20 de mayo de 1.880 y 68 días después se pegó un tiro. Cuatro días antes escribió a su hermano, lleno de tristeza, de desaliento, pues, tenía la sensación de que “la situación de los propios pintores es cada vez más desesperada”. Solo la sinrazón de este genio llegó a ser tan grande como su propia pintura.

     “Estos días trabajo mucho y deprisa; al hacerlo así, trato de expresar el paso desesperadamente rápido de las cosas en la vida moderna”. En sus primeros cuadros hay pocos colores sobre una profusión de blancos inmensos, de claridad, pero pronto empieza a aparecer el precioso azul oscuro del cielo que destaca la Iglesia de Auvers. “Estoy absorto en la inmensa planicie con campos de trigo contra las colinas, ilimitada como el mar”. Los pintó salpicados de distintos verdes y otros punteados de amapolas, sin figuras humanas. Tal vez, el cuadro más bello, si hay que distinguir alguno, sea “Las casas de Auvers”, con los tejados de las cuatro casas modernas en distintos colores, en primer término la choza con su viejo tejado de paja y en medio el agua intensamente azul, azul que corre por todo el cuadro. Es una maravilla. El 16 de junio escribe a Gauguin y le dice que el Doctor Gadget dió en el clavo y le dijo: “qué difícil es ser sencillo”.

31 de julio de 2007, Diario "Mediterráneo". 

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