El llamado "Arte Actual". Basura

El 30 de junio pasado Gustav Metzger, n. 1925, acudió al Museo Tate Britain de Londres, víspera de inauguración, donde exponía una obra suya, presentada en 1.960 con el título
“Nueva creación de la presentación pública de un arte autodestructivo”. El ácido con el que pintó el lienzo del cuadro, hacía años que acabó con él; para esta ocasión tuvo que reproducirlo. Está sobre una mesa y al lado una transparente bolsa de basura con papeles y cartones rotos. ¡Oh desgracia, una parte de la “obra de arte”, la bolsa de basura, ha desaparecido!.
Una sensata limpiadora del museo la arrojó al contenedor. Recuperada en mal estado, la sustituyó por otra. El “arte autodestructivo” solamente es pura anécdota, en especial el Britart. Lo mismo sucedió, hace tres años, con una obra de Damien Hirst, del mismo movimiento, que vende sus carísimas obras a extrafalarios personajes como Charles Saatchi, riquísimo publicista, dueño de una galería de arte. La “escultura” era un gran cenicero lleno de colillas, botellines vacíos, paquetes de tabaco arrugados y demás desperdicios. Otra sensata limpiadora tiró su contenido a la basura. Allí acabará todo lo que hoy llaman “Único Arte”.
En una entrevista le preguntaron a Antoni Tàpies sobre un bodegón al óleo y contestó: “actualmente eso no es arte”.
Si alguno de los lectores o alguna institución pública, de cualquier país, cree que no tiene ningún valor el bodegón “Los Girasoles” de Van Gogh me lo pido, que me lo remitan, pagaré los portes; y “Las Flores en un Jarro” de Renoir también, por favor.
Los que defienden a Tàpies hablan de sus pinturas matéricas, su investigación con arenas, polvo de mármol, tierras coloreadas y otros materiales, su
simbología de cruces, círculos, rectángulos, letras o números, todo con un cromatismo mínimo. Quien no pone colores, quien los rehuye, no sabe pintar. No hablo de dibujar, el cuadro puede ser abstracto, simbolista, surrealista, como se quiera en el tema, pero los colores son necesarios. La Pintura trae su nombre de los colores que emplea y si no hay colores en el cuadro difícilmente podemos hablar de arte. Cuando he negado a Tàpies cualquier valor como artista, me han sacado a relucir sus investigaciones
sobre arenas y otras materias. Si tan maravillosas han sido, podrían darle un premio de física en cualquier Instituto de Segunda Enseñanza. Su trabajo no tiene nada que ver con la Pintura, ni con ningún otro Arte. Compró un precioso edificio de 1.885, en Barcelona, obra del arquitecto modernista Domènech i Montaner, para instalar el “negoci” de su Fundación. Encima colocó, afeándolo, una gran maraña de alambres y una silla, aunque lo ha pensado mejor y la silla últimamente ha desaparecido. Esa maraña es todo lo que tiene en su cabeza. Cuando una institución pública le encargó una gran obra escultórica, él encontró en su casa un calcetín blanco, viejo, con un agujero en la punta. ¡Oh, inspiración! Proyectó hacer un enorme calcetín y por el agujero del dedo gordo entrarían los visitantes y dentro, sobre una mesa, colocaría el viejo calcetín roto que había encontrado. Por suerte, el dinero de los administrados, esa vez no se malgastó, porque no fue aprobado su proyecto.
Pocos se atreven a decir que eso no es pintura, ni arte. Se lo comerían vivo los “intelectuales” oficiales. Hay un “negoci” montado por galeristas y sus artistas promocionados, a los que se suman supuestos críticos de arte que escriben cosas que nadie entiende porque no dicen nada, pero cobran abusivamente el texto que escriben en los libros que financian y pagan los propios artistas. Al que no pasa por el aro de su lenguaje críptico y vacío, lo desprecian ¡No entiende el arte actual! Engañan a sus presuntuosas y ricas víctimas, aunque no logran engañar al lector que sabe muy bien qué es bello y qué es basura; y si no entiende el “arte actual” es porque no hay nada que entender.
5 de septiembre de 2.004, Diario "El Mediterraneo".
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